EL FULMINADOR – DIARIO DE SUEÑOS
2018_01_10: EL EFASON
Estaba en una realidad alternativa, parecida a la habitual pero de una apariencia más pálida y cristalina. La mayor diferencia entre ambas realidades la constituía un proceso. Un proceso algo difícil de reproducir, que se ponía en marcha cada vez que un asunto empezaba a complicarse.
EL PROCESO
¿Cuándo un asunto empezaba a complicarse? Por ejemplo, cuando un grupo de personas se ponía a discutir por algo, pero con una vehemencia tal que el motivo original del debate terminaba quedando en el olvido. Cuando ya nadie entendía nada y todos se mostraban enervados por la imposibilidad de comunicarse con fluidez, el proceso había comenzado, y poco después alcanzaba su fase física, solidificándose en el terreno de lo perceptible. Durante dicha fase, un objeto proveniente de otra dimensión se materializaba, en el transcurso de pocos minutos, en un punto del espacio próximo al lugar en el que se estaba desarrollando la disputa.
Volviendo a mi caso: estaba con unos conocidos en el comedor de una gran casa en el campo. Mientras todos discutían sin saber por qué, algo empezó a aparecer sobre la mesa. Al cabo de unos minutos, terminó de materializarse la parte superior del torso de una persona. Es decir, una persona cortada a la mitad, pero que mostraba signos de vida vegetativa.
Aunque todos parecían estar familiarizados con la aparación inesperada de materia extradimensional, nadie supo exactamente qué hacer con el torso en la mesa… Más tarde, comprendí que el proceso suponía una especie de desafío, un enigma a resolver dada una situación de complejidad en aumento. El problema era el desconcierto.
Una vez pasada la fase de la materia extradimensional, el proceso se bifurcaba en dos posibilidades muy distintas. Éxito o fracaso. Si la gente involucrada lograba resolver el enigma que entrañaba la aparición –en este caso saber qué hacer con el torso que vegetaba sobre la mesa del comedor– el proceso había llegado a su fin. Como recompensa por superar el conflicto, el grupo dejaba atrás las discusiones desquiciadas que habían tomado el control de los acontecimientos: se recuperaba la calma y la comunicación volvía a su cauce anterior; se obtenía la reconciliación.
Pero lo interesante pasaba (por supuesto) si nada salía bien, y nadie lograba superar el conflicto.
EL EFASON
Si no se lograba detener el proceso en su parte física, se producía la inevitable y temida llegada de un personaje muy extraño llamado El Efason: un ser grotesco y demoníaco, en la tradición del romanticismo gótico, pero con el aspecto de una combinación entre el payaso de Spawn, El Pingüino de Batman y un villano operístico a la Jaques Offenbach. El Efason irrumpía en escena con un estruendo parecido al de un petardo, ruido producido al rasgar el velo interdimensional durante su viaje, y a partir de ese momento se quedaba con los integrantes del grupo por el tiempo que considerara necesario. No ocasionaba grandes problemas, pero su presencia irritaba a los demás hasta el hartazgo. Se quedaba merodeando, como uno de esos amigos improvisados que se adhieren a un grupo durante una noche de fiesta, y de los que nadie sabe cómo deshacerse cuando hay que aguantarlos en un after…
Por todo eso, El Efason me parecía fascinante. No podía dejar de mirarlo, ni a las espesas gotas de saliva que dejaba chorrear sobre los hombros de sus nuevos amigos cuando se asomaba por detrás de ellos para escuchar de qué estaban hablando.